sábado, 7 de agosto de 2010

SOBRE LA NOCIÓN DEL BIEN

“Pero ¿cuáles son los bienes que podríamos proponer como bienes en sí? ¿No serán aquellos que perseguimos con independencia de toda otra cosa, como la intelección, la visión, y ciertos placeres y honores? Todos ellos, en efecto, por más que los procuremos en vista de otro bien, podríamos, sin embargo, clasificarlos entre los bienes en sí ¿O es que no vamos a considerar como bien en sí sino la Idea? De ser así, vana será la Forma. Mas sí, por el contrario, los bienes antes enumerados son bienes en sí será forzoso que en todos ellos aparezca la razón del bien, al modo como la blancura aparece en la nieve y en el albayalde. Ahora bien, los conceptos de honor, de intelección y de placer son distintos y diferentes y precisamente en tanto que bienes. Así, pues, no es el bien un término general regido por una Idea singular.
Mas esto supuesto, ¿en qué sentido se predica de varias cosas el mismo término? (…) ¿Será que todos los bienes proceden de un solo bien o que en el terminan, o más bien les daremos la misma denominación sólo por analogía, al modo que la vista es un bien en el cuerpo como la inteligencia lo es en el alma, y así en otras cosas? Mas, quizá sea mejor dejar esto ahora, ya que su examen acucioso pertenece más bien a otra parte de la filosofía, y otro tanto pasa con la Idea del Bien. Pues aun admitiendo que sea una unidad el bien que se predica en común de los bienes, o algo separado y existente en sí mismo, manifiesta cosa es que en tal caso no podría ser practicado ni poseído por el hombre, que es precisamente lo que buscamos.
Podría con todo, pensar alguno que es en todo caso mejor conocer el Bien en sí con la mira de los bienes posibles y hacederos, como quiera que teniendo a aquél por arquetipo, sabríamos mejor cuáles son los bienes apropiados a nosotros, y sabiéndolo acertaríamos en su logro.
Por más que no deja de tener cierta verosimilitud este razonamiento parece estar en desacuerdo con lo que ocurre en las diversas disciplinas, todas las cuales, por más que tiendan a algún bien y que procuren empeñosamente lo necesario para obtenerlo, omiten, con todo, el conocimiento del Bien en sí. Sería en verdad cosa fuera de razón el que los expertos, en cualquier oficio desconociesen o no buscasen con afán un socorro tan grande. Difícil será decir qué provecho derivará para su arte el tejedor o el carpintero que conozca este Bien en sí, o cómo será mejor médico o general el que ha contemplado la Idea del Bien. Manifiesto es, en efecto, que el médico no considera ni aun la salud de esta manera, sino la salud del hombre, o por mejor decir la de este hombre, pues en particular cura a cada uno. Y baste con lo dicho acerca de este asunto.

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