sábado, 7 de agosto de 2010

LOS VALORES MORALES

Los valores morales únicamente se dan en actos o productos humanos. Sólo lo que tiene una significación humana puede ser valorado moralmente, lo cual nos lleva a afirmar que sólo los actos o productos que los hombres pueden reconocer como suyos son los realizados con plena conciencia y libertad, y con respecto a los cuales se les puede atribuir una responsabilidad moral. En este sentido, podemos calificar moralmente la conducta de los individuos o de ciertos grupos sociales, así como las intenciones de sus actos, sus resultados y consecuencias.
Un mismo producto humano puede soportar varios valores, aunque uno de ellos sea el determinante. Una obra de arte puede tener no sólo un valor estético, sino también una significación política y moral. Es perfectamente legítimo abstraer un valor de esta constelación de valores siempre y cuando no haya una reducción de valor entre uno y otro.
Se puede juzgar una obra de arte por su valor religioso o político con la condición de que no se pretenda con ello deducir de esos valores su valor propiamente estético; simplemente se afirma que dicha obra no cumple con el valor moral esperado. Un mismo acto o producto humano puede ser valorado desde diversos ángulos ya que en él se encarnan o realizan distintos valores. Pero aunque los valores se conjuguen en un mismo objeto, no deben confundirse. Esto se aplica de un modo especial a los valores morales y no morales. Sin embargo, al establecer la distinción entre los primeros y los segundos hay que tener presente que los valores morales sólo se encarnan en actos o productos humanos y, dentro de éstos, en aquellos que se realizan libremente, es decir, con plena conciencia y voluntad.
John F. Kennedy dijo alguna vez: “Un hombre hace lo que debe sin importarle las consecuencias personales, los obstáculos, las presiones ni los peligros, éste es el fundamento de toda moralidad humana”. En esta frase se pone de manifiesto la importancia del acto moral que tiene por objetivo otro ser humano. Lo cual nos lleva a preguntarnos efectivamente puede haber un acto moral que no incluya a otro individuo. La respuesta es sí, incluso una obra de caridad sin pensar en el beneficio inmediato, como hacer a un lado una piedra del camino para que cuando otra persona pase por ahí después no se tropiece; o la de construir un asilo para ancianos o un orfanato. Pero el valor moral más importante es aquel que se lleva a cabo de manera directa tal y como lo establece Gibran Jail cuando dice: “Es bueno dar cuando nos piden, pero es mejor dar cuando no nos piden porque significa que comprendemos a los demás. Esta clase de valores tiene un crédito doble, pues por un lado se hace el bien y por el otro se comprende al prójimo anticipándose a lo que necesita. Hacer el bien suele ser un tanto complicado. Los filósofos griegos eran llamados “perros” precisamente por argumentar la ingratitud después del favor recibido. Mark Twain, escritor norteamericano, uno de los mayores en su país, dijo: “Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Ésa es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre”. La virtud dentro de los valores es hacer el bien sin esperar algo a cambio, incluso la gratitud.

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